sábado, 16 de febrero de 2013

Día de los In Love, no existís

El Día de los Enamorados sólo existe para cagarle la vida a los solteros. Porque... a ver: si ellos están en pareja y felices todos los días, ¿es necesario complotarse en masa para celebrarlo todos juntos y convertirlo en tema mundial? 
Perdón, pero yo banco a los débiles.

El año que viene, al Día de los in love se le tiene que sumar el Día de los Solteros. Entonces, mientras unos engordan con helados y bombones, y las flores se secan en la mesa, los otros se enfiestan en frente con tequila, porro, y de a muchos al mismo tiempo. 

Van a ver qué linda que es la ostentación de fiesta! 
Feliz Día. 

Vago aquel, vago yo


Publicado en Orillasur.com 

Un teatro crudo, jugado, cercano al espectador. Así es la apuesta de Yoska Lázaro, un dramaturgo y director español que se mete, una vez más, con problemáticas sociales de nuestro país. La exclusión, la moral, la política, y el poder se problematizan con cinco personajes y un contexto: la vida en el conurbano bonaerense durante la década del noventa.




Abasto. Sábado, 20.30 horas. En el subte, una madre pide monedas acurrucada con su bebé. Afuera, tres prostitutas compran cigarrillos sobre la calle Humahuaca; familias enteras salen del shopping con bolsas en mano, y otra –cuadras más adentro- come un asado en el patio de un lavadero de autos.

Desde allí, donde confluyen centros culturales, un shopping, balcones destrozados, mateadas en la vereda, torres nuevas, inmigrantes y nativos, la obra de teatro Vago nos apunta con varias preguntas:  ¿Qué une a los unos con los otros? En última instancia, ¿mis miedos, miserias, mi moral y mis pasiones, son tan diferentes a los de la puta, el chorro, el negro, o a los de aquel boliviano?



El director y dramaturgo de la obra, Yoska Lázaro, ensaya una posible respuesta: “Para nosotros todos son más o menos iguales. Por eso la estética del afiche es así: una sombra negra a la que no se le ve la cara”, señala. Y deja planteado el debate.

La obra se sitúa en el conurbano bonaerense durante la década del noventa.  Cinco habitantes de una casa sobreviven, como pueden, a la difícil cotidianeidad que les toca, marcada por el clientelismo político, la violencia y la exclusión.

La crudeza del relato golpea desde el comienzo. “Esta noche, hipócrita espectador, nuestro semejante, alguien, algún agrimensor progre se está garchando a su nene”,  dicen los actores parafraseando la novela Cámara Gesell, de Guillermo Saccomanno: porque en Vago, el público es testigo y partícipe a la vez.

“Yo trato de que el espectador no se esconda dentro de la oscuridad de la platea. Por momentos es observado y su juicio viene revertido por lo que le está pasando al ver esas escenas”, explica Lázaro. Acaso algo de eso sucede cuando, en medio de una escena, el espectador es cómplice de una mirada prohibida a la cola de una mujer que está siendo maltratada por su marido.

-En la obra hay un registro explícito de los códigos y del lenguaje de las clases populares. ¿Cómo fue el proceso de investigación para llegar a eso?

-Nosotros habíamos estado en contacto con la Secretaria de Derechos Humanos de Lomas de Zamora, y Alejandra del Groso, que trabaja en esa área, me fue articulando con gente que me ayudaba a seguir investigando. Estuvimos trabajando con los actores (compañía a Teatro a Tres Velas) como 16 meses, y sin saber exactamente lo que iba a resultar. Vimos películas y documentales, leímos libros y  hemos hablado con mucha gente. Al fin y al cabo, uno se da cuenta de que  los temores de unos son los mismos que los temores de los otros.

-Pasemos a los personajes.  Ellos no aparecen como pobres indefensos, bajo una mirada paternalista.

-No. Ellos saben de sus limitaciones y posibilidades y las explotan.  No hay una visión condescendiente. Cada uno tiene su espacio de acción y elije.  Y si uno se fija, todos someten a alguien ahí. Pero nadie es inocente de eso. Todos seducimos, accionamos y manipulamos cuando podemos.

-¿Cómo fue el trabajo con los actores?

-Investigamos, y a partir de eso cada uno iba presentando una opción de personaje. Los personajes van viviendo situaciones con textos que yo también voy planteando, y luego hacemos un recorte para significar lo que queremos. Pero están sus vidas y la vida de la obra antes que el guión. El texto es la huella de lo que fuimos haciendo.

 Antes de cerrar la charla, Lázaro interrumpe con una salvedad. “Las entrevistas por ahí me las hacen a mí, pero hay una realidad: sin mi productor, mi iluminador, mis asistentes, o mis actores,  nada es posible. Los actores son artesanos, conocen a los personajes más que yo, y debatimos todo”, destaca este director que no parece “uno más entre tantos iguales”.


*Lázaro nació en Alicante y en 2003 se instaló en Buenos Aires para estudiar teatro. Hace seis años dirige Teatro a Tres Velas y sus obras se han basado en problemáticas sociales e históricas del país.

martes, 25 de diciembre de 2012

Quiero ser como él y estar en otro lado


Publicada en Orillasur.com

Escrita y dirigida por Mariano Pensotti, El pasado es un animal grotesco cuenta la vida de cuatro personajes, desde los 25 a los 35 años. Atravesados por la historia más reciente, cada uno de ellos intentará encontrar su lugar, y su propia identidad. En el medio habrá trabajos, amores perdidos, y un relato de sus vidas que les parecerá ajeno. Ideal para hacer catarsis sin ponerse melancólicos.




Para todo aquel que no haya sabido qué hacer de su vida, que se haya sentido disconforme con lo que es, que haya pretendido cambiar el rumbo sin saber cómo, o que le haya pasado todo esto junto y de golpe (como para no andar con pequeñeces), El pasado es un animal grotesco funciona como un referente de identificación, y por qué no de angustia -y alivio- al mismo tiempo.

La obra, escrita y dirigida por Mariano Pensotti (Interiores, A veces creo que te veo, Colega de Nadie, entre otros trabajos), desarrolla la historia de cuatro personajes durante los años 1999 hasta 2009, periodo en el que tienen entre 25 y 35 años, y en el que “uno deja de ser quien cree que va a ser para transformarse en quien es”, propone el escritor. Y nos deja pensando. 

Mario (Santiago Gobernori) es un desocupado que quiere vivir de la música y salir de una vida que él mismo define como mediocre. Laura (María Inés Sancerni) fantasea con sumergirse en la bohemia artística francesa y va por eso con una “ayudita” de los ahorros (robados) de su familia. Vicky (Pilar Gamboa) es una veterinaria criada en una familia de clase media alta urbana cuya vida se derrumba al descubrir que su padre tiene una doble vida en el campo. Por último, Pablo  (Javier Lorenzo) es un ejecutivo que recibe en su departamento  una caja con una mano cortada, sin tener una remota idea de la causa de su origen.


Aunque parezcan distantes, todos ellos tienen elementos en común, ya que no sólo están atravesados por la historia más reciente y las propias condiciones de la vida en la ciudad, sino también por las incertidumbres e inseguridades  típicas de la edad… y, hay que decirlo, de más allá de la edad. (Nota aparte: en diálogo con Orillasur.com, Pensotti, de 38 años, confesó que pasó por estos estados cuando tenía la misma edad que los personajes y que –malas noticias para el lector “orillero”- aún le sigue pasando). ¿Acaso no será ese, también, el motor de la vida y del cambio?  

“Vicky quiere cambiar su vida. Por supuesto que no va a saber cómo”, se escucha en uno de los pasajes. En otra ocasión, Mario se compara con sus colegas, y la voz interior lo tortura: “Yo soy un imbécil”, piensa. Siguiendo con las comparaciones, mientras escucha a un ejecutivo le sale de adentro una frase argenta por excelencia: “Yo tendría que ser como este tipo. Estaría forrado en guita”. Cualquier identificación con el espectador, es puro mérito del autor.  

La originalidad del abordaje de la obra es que las significaciones no llegan sólo o predominantemente del texto y de los personajes, sino también de los recursos elegidos para contarlos.  

En primer lugar, en El pasado… no domina el registro dialógico entre los personajes, sino una voz en off que reconstruye sus vidas: desde los pensamientos hasta cada parte de su historia, que va desde la cotidianeidad más básica hasta los sucesos más decisivos, sin que unos prevalezcan sobre otros.

Además, el espectador ve pasar esos diez años a través de un disco giratorio, que jamás se detiene,  como el tiempo. Es que la obra invita a pensar en cómo el pasado se actualiza en el presente con relatos que en el tiempo pueden resultar ajenos,  cargados de un sentido que genera extrañeza. Narrada, “la vida se vuelve ficción”, se repite en una de las escenas. Y no por casualidad, con el tiempo, todos los personajes se ven atraídos por la escritura en alguna forma de ficción. Los relatos nos inundan, nos atraviesan, nos constituyen.

En la búsqueda de certezas, de un lugar en el mundo, de amores pero también de libertades, los personajes fantasean con ser otra persona o con estar en otro lado. Y sí, “las cosas podrían ser diferentes, pero no lo son”, dice la canción El pasado es un animal grotesco de la banda estadounidense Of Montreal, que inspiró el nombre de la obra. 

Al final de la trama suena este tema. El disco giratorio sigue su curso. Pero los personajes ya no están. Hay una especie de vacío que habrá que volver a llenar. Atrás quedaron esos años, en un pasado lejano que cambia con nosotros a medida que lo narramos, mientras dejamos de ser lo que fuimos para convertirnos en lo que somos, con historia (s) y sueños incluidos. 

viernes, 7 de diciembre de 2012

Un gesto musical, un delirio… un viaje



Publicado en Orillasur.com 
En un teatro místico de Villa Crespo, la obra ¡Que empiece la música! sumerge al espectador en un universo tan cómico como dramático. Una orquesta de cámara ensaya para una audición que los podrá llevar al lugar soñado. En el medio hay política, hay amores desenfrenados, y una decisión que dispara a la obra hacia lugares inimaginados. Amantes del delirio, tomar nota.






Dicen que los viajes empiezan con los preparativos, que siguen en los nuevos caminos que uno emprende y que continúan mucho tiempo después de haber llegado, cuando el paso del tiempo ayuda a resignificar lo vivido.

En un rincón escondido de Villa Crespo, una obra invita a dar un paseo hacia nuevos universos. Se trata de ¡Que empiece la música!, escrita y dirigida por Alberto Ajaka. Entre otros trabajos, este artista interpretó a Toro, el coach de Rodrigo de la Serna en Contra las cuerdas (Canal 7), y en teatro, a un joven soberbio de clase media en Ala de Criados, del dramaturgo Mauricio Kartun. Además obtuvo muy buenas críticas por Cada una de las cosas iguales, obra que también escribió y dirigió. 

El lugar donde se desarrollar la función no es cualquiera. La Sala Escalada posee una mística especial -con ambientes de luces tenues, sillones de terciopelo, y copas de licor entre medio- que sumergen al espectador en la experiencia teatral… Hasta que llega al fondo.

En el escenario, una orquesta de cámara de un teatro municipal se prepara para una audición que, de salir bien, los llevará de gira por Europa. Los días de ensayos transcurren entre diálogos y peleas generados por diversos motivos: desde la toma de una importante decisión de grupo hasta un mínimo gesto corporal disparan discusiones que son tan intensas como fugaces.

El grupo –con personalidades heterogéneas y bien diferenciadas- polemiza sobre la vida del trabajador en Buenos Aires (con el temita del viaje en subte incluido), sobre el arte callejero y de elite, sobre la política sindical y hasta sobre qué comer en un asado para hacer rendir el bolsillo. Sí, también están presentes la inflación y hasta los 194 muertos.

Con una vertiginosidad que captura, los diálogos tropiezan con acciones impensadas que por momentos derivan en en humor absurdo. Es que si hay algo que le sobra a esta pieza es sorpresa, dinamismo, y sobre todo, risas. El espectador lo agradece.

Lo curioso es que todo eso sucede en medio de violines y chelos imaginarios, porque la orquesta simula que toca los instrumentos, pero no genera sonidos. En esa sala lo único que importa son los gestos del músico: sus movimientos, su respiración, la expresión de su corporalidad.   

A punto de comenzar la audición, los artistas deberán tomar una decisión política sobre un paro que los perjudica. A partir de ese momento, los personajes dan giros abruptos y la obra se dispara hacia lugares impensados (amantes del delirio, y delirantes, tomar nota). El efecto es cómico y dramático al mismo tiempo.

En el final, los aplausos del público se mezclan con risas y gestos más pensativos. La sala queda inmóvil por unos segundos. Algunos tardan en pararse de sus asientos. Otros necesitan salir, cuanto antes, mejor.

Las inquietudes son muchas, pero la certeza es una. La obra impacta en el espectador y hay que procesarlo. El gesto artístico, en sus más amplios sentidos, ha cumplido. El viaje aún no ha terminado.

miércoles, 4 de julio de 2012

En Terapia, encuentros con el otro y con uno mismo

Publicado en Orillasur.com


Sin más artilugios que un buen guión y un grupo de actores que interpretan con detalle cada palabra, la adaptación local de la serie estadounidense In Treatment pone el foco en la intimidad del psicólogo y su paciente, que descubren su subjetividad a través del diálogo.




En un contexto social en donde prevalecen las comunicaciones mediatizadas y abundan los encuentros fugaces, la ficción En Terapia, que se emite por la Televisión Pública de lunes a viernes a las 22.30, vuelve a recuperar el valor de la palabra en todo su espesor, aquel valor que facilita el encuentro con el otro y también, claro, el encuentro con uno mismo que surge de la propia escucha.

El programa se basa en sesiones de terapia que transcurren en el consultorio de Guillermo Montes (Diego Peretti). Cada día de la semana, este psicólogo recibe la visita de uno de sus pacientes (Julieta Cardinali los lunes, Germán Palacios los martes, Ailín Salas los miércoles, y la pareja de Leonardo Sbaraglia y Dolores Fonzi los jueves), para finalizar los viernes en una sesión junto a su terapeuta (Norma Aleandro).

La versión local es una adaptación de Be Tipul (el formato original israelí) y de In Treatment, la adaptación de HBO que protagoniza Gabriel Byrne. Pero a diferencia de lo que sucede en esos países, en Argentina, en donde el psicoanálisis sigue gozando de legitimidad social, el programa es presentado como sesiones que responden a esta corriente.

Sin embargo, teniendo en cuenta el rol del analista con inclinación lacaniana y/o freudiana, resulta raro ver cómo se entreteje la relación pacientes - psicólogo en esta ficción.  A diferencia de lo que ocurre con el psicoanálisis, Montes tiene una fuerte presencia en el análisis del paciente, explicitando la transferencia y poniendo en juego sus sentimientos y pensamientos. Además, el personaje de Peretti responde a las demandas de los pacientes, que a menudo lo agreden y cuestionan su lugar como  “analista”, rompiendo la relación de poder que se establece en cualquier vínculo terapéutico.

Quizás en este punto se encuentra el aspecto más débil del programa, ya que a menudo se generan situaciones con demasiada violencia verbal y hasta física del paciente hacia el analista, que le restan verosimilitud a la trama. En este sentido, es difícil creer que una persona decida romper objetos preciados que su psicólogo exhibe en el consultorio, o que lo castigue contándole intimidades de su hija que averiguó a escondidas.

De todas formas, En Terapia es ante todo un programa de televisión con un guión ficcional, de modo que este tipo de situaciones pueden responden a la necesidad de una trama conflictiva y de momentos de tensión dramática imprescindibles para cualquier relato televisivo. Lejos de esto, si de sesiones de psicoanálisis se trata, será difícil encontrar más respuestas que preguntas, analistas que hablen más que los pacientes, o una línea argumentativa a seguir en cada sesión, todos elementos que harían poco televisables a este tipo de terapia.

Por eso, el hallazgo del programa está en otro lado. Bajo dirección de Alejandro Maci y con guión de Esther Feldman y este director, En Terapia logra cautivar la atención del televidente poniendo el foco en el encuentro íntimo de dos personas que dialogan dejando al descubierto su subjetividad: sus miedos, deseos, dolores y traumas.  Y todo esto se logra sin más artilugios que planos detalles, contraplanos, una iluminación tenue y una música que asoma tímidamente sólo para enfatizar algún nudo dramático.

En este desafío se hace imprescindible la buena actuación de los actores, que saben “decir” cada frase pero también cada silencio, y que desmenuzan el guión incorporando hasta el más mínimo gesto.

De este modo, En Terapia explota en 23 minutos y sin cortes comerciales, la necesidad de hacerle lugar al diálogo profundo, al pensamiento, y sobre todo a la escucha. Más allá de la corriente, cualquier sesión implica un encuentro entre dos personas, y en una época en la que no alcanzan los mensajes de texto, ni los comentarios en el “muro”, o los llamados rápidos por celular, poner el foco en esos aspectos resulta llamativo e interesante. Allí reside el núcleo de este programa y de eso se trata, al fin y al cabo, la comunicación.



Ficha técnica
Elenco
Diego Peretti – Guillermo Montes, psicoanalista
Norma Aleandro – Lucía Aranda, psicoanalista supervisora
Julieta Cardinali – Marina Generis, paciente de los lunes
Germán Palacios – Gastón Ramirez, paciente de los martes
Ailín Salas – Clara Salinas, paciente de los miércoles
Leo Sbaraglia y Dolores Fonzi – Martín Pineda y Ana Irigoyen, pacientes de los jueves
Con la participación de:
Federico Luppi – Padre de Gastón
Alejandra Flechner – Pareja de Guillermo
Vera Spinetta – Hija de Guillermo
Adaptación: Esther Feldman y Alejandro Maci
Dirección: Alejandro Maci
En Terapia es una coproducción de Canal 7 y Dori Media Contenidos.

martes, 29 de mayo de 2012

Julio Chávez: "Cuando salgo me doy cuenta de que soy menos fóbico de lo que creo"

Yo deseaba mucho este premio porque me lo merezco”. Así comenzó el discurso de Julio Chávez cuando subió al escenario para recibir el Martín Fierro como Mejor Actor Protagonista de Unitario por El Puntero. Como sucede cuando actúa, sus palabras sonaron con gran espesor dramático, con una carga emocional difícil de encontrar en otros artistas. Y sonaron, sobre todo, auténticas.








En el momento de la premiación, Chávez esperó oír su nombre con una mirada fija y atenta, que dejaba al descubierto sus ansias de ganar. Quizás en ese momento haya estado creando su propia fantasía, como él mismo anheló desde el escenario. “Deseo que cada ser humano tenga la posibilidad de crear la ficción que se le cante. Es el derecho que tenemos como humanos. Gracias”, pronunció el actor y se despidió con fuertes aplausos de fondo.  




-Cuando recibiste el premio, y luego abajo, se te vio muy emocionado. Tocabas el Martín Fierro, lo mirabas, tenías los ojos llenos de lágrimas. ¿Qué significó para vos?
-Eso, mucha alegría. Estoy muy contento de haberlo ganado. Estoy muy agradecido de que me lo den. Me siento muy halagado por el reconocimiento de algo de lo que estoy muy contento de haber hecho. Cuando te dan un premio por algo que vos sentís que te lo merecés, y que subís creyendo que está bien que te lo den, es algo que está bueno.
-Recién te veíamos en el salón con muchos colegas sacándote fotos, con un contacto muy cercano. ¿Cómo estás viviendo el reconocimiento?
-De la misma manera que cuando gané el premio. En ese sentido yo soy una persona muy tímida, bastante privada, pero cuando se me manifiesta afecto de esta manera, lo reconozco muy genuino y lo agradezco de una manera muy genuina. A veces, cuando salgo y me encuentro con las personas, me doy cuenta de que soy menos fóbico de lo que creo. A veces me creo más fóbico de lo que en verdad soy. Es más la idea de lo que por ahí pasa realmente.
-En las entrevistas has declarado que el programa era básicamente ficción y que no tenía que ver con la coyuntura política. ¿Se puede hacer una ficción con un tema tan importante que no roce lo político?
-Sí, lo hemos hecho. Porque una cosa es rozar y otra cosa es claramente meterte. El riesgo del programa justamente era rozar pero no meterte. Roza, porque cuando decís "puntero" inevitablemente roza con una realidad. Pero no terminás de meterte ni de agredir y de meter palos en ningún lugar.

-¿Y vos para crear tu personaje investigaste sobre la realidad política o te abocaste solamente al guión?
-Investigué un poco, pero con la conciencia de que tenía que construir una ficción y no un documental. Entonces investigué, pero finalmente construí lo que mi imaginación me dictaba.
-Actualmente estás en teatro con La Cabra…
-Sí, nos va muy bien. Estoy feliz de hacerlo y estoy preparando la ficción para el año que viene con Pol-ka, que tiene que ver con un bufete de abogados.



miércoles, 28 de marzo de 2012

El llamado, la no respuesta

¿Por qué a veces la gente no responde ante el llamado del otro? ¿Miedo a qué tenemos? ¿Acaso sólo hay respuestas fabricadas, convenientes, premeditadas?
Dirán que la no respuesta también es un respuesta, y es cierto. El silencio puede ser bueno cuando uno sólo tiene para decir eso. Y sin embargo esta idea me perturba y entristece. ¿Tan frágiles somos como para quedarnos sin palabras o, peor aún, para no animarnos a decirlas cuando aún las tenemos? 
Pienso que cuando hay un llamado debe haber una respuesta. Creo en el diálogo y en el devenir de la palabra. Creo que siempre es mejor no esconderse, no esconderla. 
Quien se "llama" a silencio frente a la llamada del otro, escapa a la palabra. Yo la prefiero presente, la quiero viva.