jueves, 30 de abril de 2015

El TRABAJO IDEAL ES ESTE


No hay mejores ni peores puestos por definición. Yo creo que hay lugares, hablando desde el lado más simbólico que se pueda hablar. Y que a esos lugares se los crea uno. No siempre el que tiene el poder es el más poderoso, ni el que ostenta respeto lo tiene ganado.

En el mejor de los casos, pienso que el trabajo es un espacio para ir creándose a sí mismo. Para encontrarse en esa creatividad. Para hacerse de un espacio. De tu espacio. 

El trabajo, hipotetizo, no sólo se define por la tarea. Más bien, yo he sentido que la tarea me fue definiendo a mí, moldeándome, encontrando  mis puntos fuertes, lo que me gustaba u odiaba, a lo que le decía que no o a lo que le regalaba un convencido “sí”.  

Eso de por sí ya genera cierto movimiento en uno. Y está bien... Porque una mente y un cuerpo quietos, son mentes y cuerpos oprimidos. A eso sí que hay que renunciar. 


Muy feliz día a todos los que me ayudaron a crecer y a los que han crecido junto a mí en cada uno de mis trabajos. 

Muy feliz día a todos los trabajadores! Que la vida los lleve adonde tengan que estar.




   

miércoles, 29 de abril de 2015

Mi perra Lula Ludovica, la manipuladora

Adentro de una cajita, con las orejas aún pequeñas, mirada perdida, cruzando la calle en brazos de un hombre… llegando a mí. La elegí sin conocerla. El solo aviso de que estaba buscando hogar me alcanzó: “Hay una perrita en adopción en una caja, en el Alto Palermo. Todos la aman, la gente para y la acaricia”.

No sabía en lo que me estaba metiendo. Nunca había tenido a un perro viviendo en Buenos Aires y mis experiencias de chica no habían sido de lo más felices.

A los pocos días de tenerla pedí salir antes del trabajo porque tenía compromisos y ella no podía estar sola durante mucho tiempo. En ese momento me quejé y mi jefa me dijo al pasar: “Tranquila, que un perro siempre es una alegría”. Frases livianas en un instante que se vuelven pesadas con el tiempo. Frase simple y contundente si las hay.  Y yo la entendí mucho después.   

Es que al principio yo lloraba. Estaba sensible pensando en cómo ella comía desesperada y sufría cuando yo no estaba por su anterior abandono. Yo abría la puerta, miraba el desastre de lo que había roto, pero la prioridad era sentarme y dejarla que me besara toda, a los gritos y llantos, haciéndose pis encima.  

En sus primeras noches Lula lloraba y vencía todos los obstáculos que le ponía para subirse a la cama. Ella trepaba y yo al bajaba una y otra vez, hasta que cambió la estrategia: el blanco se atacaba mientras yo dormía. Entonces, un día de esos desperté boca abajo, con su hocico apoyado sobre mi nuca, respirando profundamente. Y sí… Ahora duerme a mi lado.

Desprecié a cada una de las personas que la despreció. Agradecí a todos los que la han acariciado al menos por un instante, en algún paseo de tarde. Lloré cuando la busqué en el aeroparque luego de un largo viaje al exterior sin verla. Y descarté invitaciones cuando ella no estaba invitada.
Hoy, recuperada de su hambre y miedos, todo es alegría. Sonrío sola de pensarme mirando tele y observándola  jugar de reojo en su mundo de seres animados (es que se cree que los juguetes que hacen ruido tienen vida, y yo no le saco la ilusión).

También sonrío a la mañana cuando se queda mirándome fijo hasta que yo despierte. Y cuando se me tira encima ni bien me muevo. “¿Y la pelota?”, le digo. Y ella salta bruscamente a buscarla (táctica fácil para sacarme sus 22 kilos de encima, aunque ella ni sospeche).



Con Lula viajo, me quedo en las playas más solitarias, me pruebo ropa en un vestidor, juego con mi sobrino, lloro en mis tristezas y bailo cuando las buenas noticias asoman. 
Eso sí que le encanta: basta con poner la música fuerte para que salga corriendo a agarrar sus chiches y salte a la cama… y dé vueltas… y se enrosque con las sábanas viejas... y celebre.

Amo cuando se embarra o me hace fuerza para no bañarse y después, rendida, se deja masajear con la espuma. Amo cuando me pone la pelota  en las piernas para que juegue. Amo cuando, remolona, se estira toda antes de levantarse, cuando en la playa me espera en la orilla del mar mientras yo me baño. Y también cuando la acobijo si está enferma.  

No la puedo retar. No me puedo separar. No le puedo decir que no. Lula me ha manipulado del modo más sutil que alguien puede manipular a otro, con sobredosis de ternura, besos y graciosa impunidad.  

De todo esto sólo tengo un recuerdo feo. Un día la reté muy fuerte y ella se quedó solita, sentada en su lugar. Al verme ir, se metió abajo de la cama dejando un charquito de pis, en señal de su susto. Sentí vergüenza, odié esa aversión agresiva de mí misma. Y de a poquito, sin quererlo -manipulada y ciegamente- fui mejorando con su ayuda.

Porque después de 3 años juntas, todo se resume a eso. Lula Ludovica llegó para hacerme mejor persona, y por semejante tarea yo estaré eternamente agradecida. Ésa la alegría de la que hablaba mi jefa.


Feliz día a mi chanchita hermosa, a mi pimpolla, a mi Lulita, a mi puerca orejas de avión.

Feliz día, chinchulina! Te amo infinitamente… Con el cosmos, las estrellas, el cielo y el universo entero.  No te irás nunca. Quedate conmigo. Yo te llevo para que me lleves.




    

martes, 24 de febrero de 2015

UN BAÑO DE REALIDAD PARA LOS HOMBRES

¿Algo peor que un chico que, porque lo tratas bien, se cree que querés ser su novia? Ni hablar del amante que te avisa (por las dudas) que él no tiene pensado dejar a su pareja (¡¿what!?). No gracias, que te fume ella que así van bárbaro...  

Chicos, chicos, chiquititos del alma, mis blancas palomitas, cuatro de copas, enanitos verdes... 

Cuando las mujeres nos queremos poner de novias, quédense trancas que se lo avisamos y los invitamos a comer milanesas con puré a la casa para hacernos las copadas.

Mientras tanto sigan con sus ilusiones de que los queremos como novios si tan bien les vienen al ego... Pero calladitos, por favor. Evítennos un ataque de sinceridad que podría traer consecuencias en su autoestima. 

Desde ya, muchas gracias. 
Los queremos. Muáa!

lunes, 23 de febrero de 2015

EL PERRO, EL HOMBRE Y YO

No sé cómo se llaman y queriendo hacer memoria para escribir esta crónica, tampoco recuerdo cuándo me los crucé por primera vez.

Los veo todos los días y a veces son el único saludo que recibo cuando divago por el barrio a la madrugada, en esas largas noches de verano sin sueño.

Lo otro que sé es que rápidamente me tendieron la mano, pero no para ayudarme sino para dejarme ayudarlos. Ese también es un gran gesto de compasión. El hombre y su perro ya no están abandonados. Se tienen el uno y el otro. Y ahora los tengo yo también.

“¿Sabés cómo se cura este perro de la dermatitis?”, me dijo el indigente que duerme en la vereda del frente cuando las luces de la vidriera de ropa masculina se apagan y queda su cuerpo entresombras pero al descubierto, para el que sí quiere ver.  “Con amor”, agregó sin dejarme intentar una respuesta médica.

El perro es negro, bastante grande y corrió mejor suerte cuando el hombre lo sacó de una terraza de la villa, donde lo tenían abandonado de invierno a verano. Ahora, al perro le quedan esas marcas de guerra en su piel, algo solucionable y nada grave, como apuntó el diagnóstico del Instituto Pasteur y de su dueño.

Yo le prometí que le llevaría alimento todas las noches, del bueno, del mejor, así ese pelo mejora con paciencia y fuerza. “¿Ves? Ahora tenés una nueva amiga”, me presentó ante el canino.
Hoy fui a dejarle la comida en el bolso que deja abierto, a su lado, mientras duerme la borrachera. El perro no se mosquea ni para eso.  Hace mucho calor, pero duermen juntos, pegados.  Y los quiero aún más.



jueves, 12 de febrero de 2015

VIAJE ETERNO

Necesito irme de viaje. Lejos. Alto. Rápido pero sin prisa. 
A lo desconocido. A otro idioma. Al encuentro. 
Hacia nueva gente pero sola. Con música, comida abundante y un cuaderno vació para llenar de historias.
Empiezo hoy. Ahora.





viernes, 6 de febrero de 2015

EL QUE ENSEÑA APRENDE

Hoy fue el debut en mi clase de francés. Yo, como siempre, tenía cara de culo. En líneas generales no soy simpática a priori. Me cuestan los encuentros formales donde se dice lo que se tiene que decir: cuestiones de cursada o las típicas presentaciones de cada uno. ¿Qué quería decir yo de mí misma?, pensaba medio negada.  

En realidad no quería decir nada: el ser vivo con el que más interactúo es mi perra Lula Ludovica -que acompaña pero no habla-, y así cualquiera se aburre rápido de su Ser. 

Entonces, mientras otros se explayaron contando los proyectos de doctorados, aspiraciones científicas en el exterior y tradiciones francesas familiares, yo escamoteé: “Vengo acá porque tengo tiempo y ganas”. Cortito y al hilo, simple. No hubo repreguntas, ni risas cómplices. Logré mi objetivo.  

En realidad había una razón más profunda, algo que parece simple, pero no lo es: yo voy a francés porque quiero aprender. Parece una locura, pero los días previos a rendir los exámenes en la UBA me recuerdo poniendo música a todo volumen y bailando de felicidad (al margen, la danza es otra de las disciplinas que estoy aprendiendo -o perfeccionando, mejor dicho- porque en eso voy mejor que en idiomas).

La creación de ideas casi compulsivamente es de las sensaciones más felices que he experimentado en la vida. Aprender es vida.  

Pasó mi escueto turno, siguieron tres alumnos más y finalmente le tocó a Ailin, la profesora. “Ustedes no se desesperen si no me entienden. Cuando yo estudié francés en Francia me mandaron a un curso de sueco. Yo pasé por lo mismo que van a pasar ustedes, y además, me río mucho, no de ustedes, sino de las situaciones que se generan. Ver el esfuerzo que hacen para decir una frase o yo haciendo mímicas… Somos muy ridículos a veces, pero así y todo, no les voy a hablar en español.  Además yo soy paciente y tolerante para enseñar (bueno, espero espero)”.   

Ponerse en el lugar del otro, reírse de sí mismo, tener humor, ser tenaz , paciente y tolerante. Me pregunto cuántos jefes, profesores o gerentes de compañías han pensado en esto alguna vez. Porque si lo que buscan es el éxito, acá está la ecuación perfecta para cualquier aprendizaje.


Como si fuera un apunte más, anoté sus palabras en el margen del cuaderno, ese espacio de asteriscos clásicamente destinado a la asociación libre cuando la mente divaga. 


Sus palabras hicieron eco en mí. Y las vuelvo a re-escribir. Además, ahora, con una sonrisa.  

miércoles, 22 de octubre de 2014

Dejémosnos de joder con Tinelli


Marcelo Tinelli fue destacado como Personalidad Destacada de la Cultura por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y un halo de sentido común ha invadido las críticas en las redes sociales. Responde a viejos conceptos naturalizados sobre lo que significa Tinelli, o lo que ha significado. 

Por eso, para no seguir reproduciendo cosas sin contextualizar, he aquí un punteo de mi opinión, para que además vean que no detesto el tinellismo (por si a alguien le importa, ji).

1) Marcelo Tinelli es cultura. Forma parte de la cultura de masas, o de la vieja cultura de masas. La tele es cultura. 

2) Tinelli ya no hace con las mujeres las barbaridades que hacía antes. En la Tv pública tambien hay mujeres muy bellas mostrando piernas, escote y culo. Lo bien que hacen si se les antoja hacerlo. 

3) Macri premió un concepto de cultura que él considera correcto porque él tiene el poder de decir qué es y que no es cultura. Por eso tambien puso a Violetta en el Planetario. 

4) Lo que hace Tinelli no debería escandalizar a nadie porque no hace nada escandaloso ni rupturista. Tinelli hace 25 años que hace un tinellismo que hoy debería ya pasar desapercibido si no fuera porque Canal 13 tiene una superestructura que lo banca. 


5) Peor que Tinelli es lo que hace Guapas con la política. Eso es más sutil. Tinelli también hace política, claro, pero se le nota a leguas.