viernes, 12 de abril de 2013

Maltrato animal en el Instituto Pasteur

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Estaba paseando a mi perra por el Parque Centenario cuando me sorprendieron los gritos, llantos, y ladridos de perros que venían del Hospital Pasteur, dependiente del Gobierno de la Ciudad. Me acerqué y vi esto. Además de notarse la falta de cuidado y estrés que estaban viviendo los animales, había mucho pero mucho olor a materia fecal acumulada de días o meses. Era inaguantable. Está todo muy sucio.

Entré para preguntar de qué iba la cosa y las respuestas que recibí fueron estas: "Tienen hasta aire acondicionado", "ah si... son cuatro perros nada más" y "están mejor que yo". Luego, la veterinaria de ellos me replicó: "¿qué querés que haga? ¿que los tenga acá conmigo?". Otra de las respuestas fue que no tenían más presupuesto. Y la peor, que estaban ahí por algo. "Algunos han mordido", me dijo la secretaria. O sea, les echaron la culpa de vaya a saber qué.

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Además me dijeron que los voluntarios iban los fines de semana a re-socializarlos para darlos en adopción.  ¿Es esta la forma que encuentran para re-adaptarlos? Según pude saber, los voluntarios van los fines de semana a bañarlos, educarlos, y sacarlos a pasear, pero eso no tiene nada que ver con esto. 

Para cualquier mente coherente, es evidente que esa no es una forma sana de retener a los perros hasta que consigan hogar. Las jaulas son de 1 metro por 1.50.

Los animales forman parte del universo y no son menos que las plantas y los seres humanos. El hombre no tiene derecho a encerrarlos y maltratarlos de esta forma. Hay un perro que estaba todo acurrucado en la jaula. Y se escuchaba cómo otros rasguñaban las rejas.

sábado, 16 de febrero de 2013

Día de los In Love, no existís

El Día de los Enamorados sólo existe para cagarle la vida a los solteros. Porque... a ver: si ellos están en pareja y felices todos los días, ¿es necesario complotarse en masa para celebrarlo todos juntos y convertirlo en tema mundial? 
Perdón, pero yo banco a los débiles.

El año que viene, al Día de los in love se le tiene que sumar el Día de los Solteros. Entonces, mientras unos engordan con helados y bombones, y las flores se secan en la mesa, los otros se enfiestan en frente con tequila, porro, y de a muchos al mismo tiempo. 

Van a ver qué linda que es la ostentación de fiesta! 
Feliz Día. 

Vago aquel, vago yo


Publicado en Orillasur.com 

Un teatro crudo, jugado, cercano al espectador. Así es la apuesta de Yoska Lázaro, un dramaturgo y director español que se mete, una vez más, con problemáticas sociales de nuestro país. La exclusión, la moral, la política, y el poder se problematizan con cinco personajes y un contexto: la vida en el conurbano bonaerense durante la década del noventa.




Abasto. Sábado, 20.30 horas. En el subte, una madre pide monedas acurrucada con su bebé. Afuera, tres prostitutas compran cigarrillos sobre la calle Humahuaca; familias enteras salen del shopping con bolsas en mano, y otra –cuadras más adentro- come un asado en el patio de un lavadero de autos.

Desde allí, donde confluyen centros culturales, un shopping, balcones destrozados, mateadas en la vereda, torres nuevas, inmigrantes y nativos, la obra de teatro Vago nos apunta con varias preguntas:  ¿Qué une a los unos con los otros? En última instancia, ¿mis miedos, miserias, mi moral y mis pasiones, son tan diferentes a los de la puta, el chorro, el negro, o a los de aquel boliviano?



El director y dramaturgo de la obra, Yoska Lázaro, ensaya una posible respuesta: “Para nosotros todos son más o menos iguales. Por eso la estética del afiche es así: una sombra negra a la que no se le ve la cara”, señala. Y deja planteado el debate.

La obra se sitúa en el conurbano bonaerense durante la década del noventa.  Cinco habitantes de una casa sobreviven, como pueden, a la difícil cotidianeidad que les toca, marcada por el clientelismo político, la violencia y la exclusión.

La crudeza del relato golpea desde el comienzo. “Esta noche, hipócrita espectador, nuestro semejante, alguien, algún agrimensor progre se está garchando a su nene”,  dicen los actores parafraseando la novela Cámara Gesell, de Guillermo Saccomanno: porque en Vago, el público es testigo y partícipe a la vez.

“Yo trato de que el espectador no se esconda dentro de la oscuridad de la platea. Por momentos es observado y su juicio viene revertido por lo que le está pasando al ver esas escenas”, explica Lázaro. Acaso algo de eso sucede cuando, en medio de una escena, el espectador es cómplice de una mirada prohibida a la cola de una mujer que está siendo maltratada por su marido.

-En la obra hay un registro explícito de los códigos y del lenguaje de las clases populares. ¿Cómo fue el proceso de investigación para llegar a eso?

-Nosotros habíamos estado en contacto con la Secretaria de Derechos Humanos de Lomas de Zamora, y Alejandra del Groso, que trabaja en esa área, me fue articulando con gente que me ayudaba a seguir investigando. Estuvimos trabajando con los actores (compañía a Teatro a Tres Velas) como 16 meses, y sin saber exactamente lo que iba a resultar. Vimos películas y documentales, leímos libros y  hemos hablado con mucha gente. Al fin y al cabo, uno se da cuenta de que  los temores de unos son los mismos que los temores de los otros.

-Pasemos a los personajes.  Ellos no aparecen como pobres indefensos, bajo una mirada paternalista.

-No. Ellos saben de sus limitaciones y posibilidades y las explotan.  No hay una visión condescendiente. Cada uno tiene su espacio de acción y elije.  Y si uno se fija, todos someten a alguien ahí. Pero nadie es inocente de eso. Todos seducimos, accionamos y manipulamos cuando podemos.

-¿Cómo fue el trabajo con los actores?

-Investigamos, y a partir de eso cada uno iba presentando una opción de personaje. Los personajes van viviendo situaciones con textos que yo también voy planteando, y luego hacemos un recorte para significar lo que queremos. Pero están sus vidas y la vida de la obra antes que el guión. El texto es la huella de lo que fuimos haciendo.

 Antes de cerrar la charla, Lázaro interrumpe con una salvedad. “Las entrevistas por ahí me las hacen a mí, pero hay una realidad: sin mi productor, mi iluminador, mis asistentes, o mis actores,  nada es posible. Los actores son artesanos, conocen a los personajes más que yo, y debatimos todo”, destaca este director que no parece “uno más entre tantos iguales”.


*Lázaro nació en Alicante y en 2003 se instaló en Buenos Aires para estudiar teatro. Hace seis años dirige Teatro a Tres Velas y sus obras se han basado en problemáticas sociales e históricas del país.